Esta noche, aunque sea algo

Los planes para después del trabajo nunca parecen tan convincentes como en el aparcamiento frente a casa.

Un muñeco con máscara de gas y casco está sentado en un coche aparcado frente a una casa con las luces encendidas.
Música para este texto Good at Almost Nap Lee / made with Suno
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Todavía no he salido del coche

Hay días en que aparco frente a casa y me quedo un rato en el coche. Cuando apago el motor, siento que más o menos he terminado con lo que tenía que hacer ese día.

La jornada laboral ha terminado. Es hora de empezar la segunda fase del día. Me apetece jugar a algún videojuego y tengo muchas cosas que ver en Netflix. Tampoco estaría mal coger el iPad e ir a una cafetería. Mañana vuelvo a trabajar, así que esta noche me gustaría hacer algo, lo que sea. Voy enumerando lo que me apetece y empiezo a pensar que me dará tiempo a todo.

Todavía ni he salido del coche, pero al menos hoy tengo ganas de hacer cosas.

Ya sé la respuesta

Hay días en que salgo del trabajo habiendo gastado hasta la energía de la segunda fase. A veces ocurre cuando paso el día conduciendo por distintos puntos de Seúl y peleándome con controladores averiados.

A veces el equipo no acaba de funcionar aunque haya probado todo lo que está en mi mano. A veces compruebo lo mismo una y otra vez sin dar con la causa, y otras me toca esperar sin fin porque no hay nada que pueda hacer allí. Ni siquiera he hecho mucho esfuerzo físico, pero después de un día así me siento extrañamente agotado.

Incluso al llegar a casa, el cansancio acumulado durante el día no se me pasaba fácilmente. Pensé que, si entraba así, podía acabar tratando con brusquedad hasta a mi familia sin motivo, así que de momento me quedé en el coche.

Un muñeco con traje, máscara de gas y casco descansa en un coche desde el que se ve la luz cálida de la entrada de la casa.

Puse música un rato y pensé si debería dejar el trabajo. Los motivos para irme se me ocurrían con facilidad. Los motivos para quedarme también iban apareciendo por turnos, claro, y yo seguía cansado.

Por experiencia, las decisiones que tomo cuando estoy cansado no suelen salir bien. Pensé que seguir dándole vueltas no cambiaría nada y salí del coche. El cansancio seguía ahí, pero tenía la cabeza un poco más despejada. No sé si fue por la música.

Entré en casa, avisé como siempre de que ya había llegado y me duché. Después me quedé un rato sin pensar en nada, hasta que me dormí.

Solo un momento de descanso

Los días en que ya he hecho planes para la noche salgo del coche con el paso un poco más ligero. Si he decidido ir a una cafetería, solo tengo que coger el iPad y cambiarme de ropa. Para eso, primero tengo que entrar en casa.

Entro en casa y me tumbo un momento en la cama. No pasa nada. Descanso un poco y luego salgo. Pero, una vez tumbado, resulta que estoy mucho más cansado de lo que pensaba en el coche. Cuando hacía planes sentado, no disponía de este dato. Ahora que lo sé, lo razonable es modificar el plan.

Un muñeco con máscara de gas y casco está tumbado en una cama, con una tableta en la mesita de al lado.

Si en vez de tumbarme me ducho primero, pasa algo parecido. Después de dejarme bien limpio, me pregunto qué necesidad hay de volver a salir y ensuciarme. Prepararme para salir me ha dado una razón para quedarme en casa.

Ya en el coche sé, más o menos, que una vez en casa me costará volver a salir. Aun así, no quiero decidir que me voy a quedar antes siquiera de que empiece la noche. Yo también tengo mis objetivos. Hasta que me ducho y me tumbo.

Porque mañana tengo que trabajar

Al final, me quedo en casa jugando a videojuegos o viendo Netflix. Estoy a gusto. Las dos cosas me apetecían desde el principio, así que creo que puedo dar el plan por cumplido.

Un muñeco con máscara de gas y casco está recostado en un sofá, viendo la televisión con un mando en la mano.

Incluso después de darlo por resuelto, sigo pensando que quizá podría hacer otra cosa. Si he decidido divertirme en casa, estaría bien limitarme a disfrutar. Pero hasta mientras descanso vuelvo a darle vueltas a cómo pasar la noche.

Mañana tengo que ir a trabajar, así que parece que lo mejor es descansar. Luego pienso que, si mañana vuelvo a trabajar, no sé si debería dejar que el día de hoy acabe así. Tener que ir a trabajar mañana sirve de argumento para las dos cosas.

Solo me he tumbado, me he duchado y he jugado un poco, pero ya es hora de dormir. Voy dejando a un lado las cosas que había pensado hacer en el coche y me preparo para ir a trabajar al día siguiente. Me digo que con haber descansado bien basta, aunque sigo pensando que tampoco habría estado mal ir a la cafetería.

Un muñeco con casco y maletín se aleja de la casa por un camino iluminado por el sol de la mañana.

En cualquier caso, al día siguiente vuelvo a salir de casa. El destino no es la cafetería.


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